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Cosas de mujeres

viernes, febrero 06, 2009

La importancia del equilibrio

Cuando el cerebro de un hombre está descansando, al menos el 70% de su actividad eléctrica está inactiva. Los escáneres de los cerebros femeninos, en cambio, confirman que las mujeres analizamos constantemente información. El motivo es que desde tiempos ancestrales, las mujeres garantizaban la supervivencia de su familia y eran capaces de percibir cualquier pequeña modificación en la conducta familiar mientras que los hombres, cazadores, buscaban alimentos sin necesidad de aprender las señales corporales. Las mujeres asumimos, pues, papeles que tenían que ver con la preocupación por la salud, por mantener el fuego, por todo lo que garantizase la supervivencia familiar mientras que los hombres, dedicados a la caza casi en exclusiva, se desentendían de todo esto. Roles ancestrales que se mantienen a día de hoy y con ellos esa preocupación cotidiana por los niños, la comida, la economía, ... o la salud: cuidamos de nuestra salud, de la de nuestros hijos e, incluso, de la de nuestro marido. Tenemos más contacto con la enfermedad, los perjuicios que crea y cómo afecta en la rutina diaria cuando un familiar está enfermo. (Sería este un motivo que explicaría el porqué hay más casos de mujeres hipocondríacas.)
Protectoras, cuidadosas, y siempre pendientes de todos los detalles, las mujeres tendemos a sobrecargarnos de obligaciones en nuestra vida personal y en la profesional, una cualidad que puede volverse en nuestra contra hasta convertirse en una gran obsesión y apareciendo, entonces, la angustia.
Es necesario aclarar que la idea de que las mujeres nos preocupamos por todo y los hombres por nada no es más que un tópico. Lo que ocurre es que los hombres, aunque estén preocupados, no lo expresan porque culturalmente inhiben más la expresión de sus emociones, y no tienen la capacidad de comunicación nuestra.
Pero querer controlar todo no tiene por qué ser negativo. Las mujeres tenemos el control sobre la economía doméstica, la salud y la educación, y con ello tenemos más posibilidades que el hombre de cumplir nuestras expectativas de vida. El problema aparece cuando esas cualidades se vuelven en nuestra contra, cuando damos mil vueltas a las cosas, las interpretamos, las compartimos con alguien, ... y la preocupación se refuerza y alarga sin necesidad. Ese estar más pendiente de todo lleva a numerosas mujeres a querer ser mujeres perfectas, un problema que puede generar una situación de ansiedad en algunos sectores femeninos, especialmente de clase media, trabajadoras y con hijos. Cuando una mujer cree que es capaz de todo puede surgir ansiedad por no abarcar todo; si además tiene mayor nivel de obsesión y bajo control de sus emociones se sobrepreocupa, cada vez le cuesta más tomar decisiones y se angustia hasta romperse. Para evitarlo es importante descargarse y buscar el equilibrio entre los demás y uno mismo.

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